Thomas Tuchel aspira a hacer historia como el primer seleccionador extranjero en llevar a Inglaterra a ganar un Mundial.
Hace casi 30 años, mientras Glenn Hoddle dirigía a los 'Three Lions' en el Mundial de Francia 1998, Tuchel se ganaba la vida como estudiante en un bar de Stuttgart. Hoy, el técnico alemán, de 52 años, es el encargado de la misión que tantos predecesores suyos no lograron: conquistar la Copa del Mundo.
Conocido por su mente analítica y su obsesión por el detalle, pocos imaginan que a finales de los 90, Tuchel frecuentaba las fiestas más salvajes de Stuttgart y se codeaba con estrellas del hip-hop alemán. Fue precisamente en ese ambiente, cuando casi había tirado la toalla con el fútbol, donde comenzó su camino hacia la élite de los banquillos.
Ralf Rangnick, un respetado técnico germano, ha recordado cómo impulsó la carrera de Tuchel. "Me costó creer que trabajara en un bar para ganarse la vida", confesó Rangnick a la BBC. "Le llamé y le pregunté qué hacía. Me dijo que tenía que mantenerse, así que le propuse venir a Stuttgart a entrenar a la cantera. Lo presenté al director de la academia y así empezó su trayectoria como entrenador".
Tuchel había sido jugador a las órdenes de Rangnick en el SSV Ulm, y ambos se admiraban mutuamente. En el Ulm de principios de los 90, Rangnick ya sentaba las bases de una revolución táctica en Alemania, siendo pionero en la defensa zonal. Como el propio Tuchel relató a Sky Sports, Rangnick "cambió la forma en que veía el fútbol en televisión". Rangnick, por su parte, vio pronto en el joven defensa un futuro entrenador por su "interés constante en el porqué de nuestro juego".
La carrera de Tuchel como futbolista se vio truncada por una lesión de rodilla. El dolor era tan intenso que apenas podía subir escaleras. A pesar de una operación a los 23 años, tuvo que colgar las botas, renunciando a su sueño de jugar en la Bundesliga. La operación, además, no estaba cubierta por el seguro, dejándole sin ahorros. Tras abandonar sus estudios de Filología Inglesa y Deporte para centrarse en el fútbol, se encontró de nuevo en punto de partida.
Se mudó a Stuttgart para estudiar Administración de Empresas y encontró trabajo en un bar. No era un local cualquiera, sino el emblemático edificio Radio Barth, que había sido un gran almacén de música. Tras la quiebra de la tienda, el espacio se alquiló a jóvenes artistas, convirtiéndose durante unos años en un epicentro cultural y nocturno. El Radio Bar, en la planta baja, se transformó en un punto de encuentro para la emergente escena hip-hop alemana.
Carlos Coelho, antiguo gerente del local, recordó la afluencia masiva: "Teníamos que cerrar las puertas porque no cabía ni un alma más". Tuchel empezó recogiendo botellas, luego pasó a servir mesas y finalmente a preparar cócteles. "No querría haber probado los cócteles que hacía al principio", bromeó. Sin embargo, más allá de la coctelería, el bar le enseñó lecciones valiosas: "Noche tras noche, fui ganando confianza, superando la inhibición de pedir ayuda a desconocidos y me di cuenta de que les gustaba por quien era, sin saber que era un exfutbolista".
Entre los amigos que hizo en el bar se encontraba Max Herre, músico que se convertiría en uno de los raperos más populares de Alemania. Herre recordó cómo Tuchel se integró en su "pandilla" y acudía a sus conciertos, llegando incluso a viajar a Viena para uno de ellos.
Cuando Rangnick le ofreció un puesto como entrenador, Tuchel se mostró reticente. Pero en 1999, el ascenso de su antiguo club, el Ulm, a la Bundesliga le hizo replantearse todo. "Me molestó mucho pensar que yo siempre quise llegar a la Bundesliga y ahora ellos estaban viviendo mi sueño", confesó. Tras media hora más de trabajo, abandonó el bar para siempre.
La pérdida para el Radio Bar fue una ganancia para el VfB Stuttgart. Tuchel se volcó en su nueva vida como entrenador de cantera, dirigiendo primero al equipo sub-15 y luego como ayudante del legendario Hans-Dieter Flick con el sub-19. Al igual que Rangnick, Flick fue clave en la implantación de la defensa zonal y en la formación de jóvenes talentos, como Sami Khedira y Mario Gómez.
Khedira, que luego sería campeón del mundo, formó parte del equipo sub-19 que se proclamó campeón de Alemania en 2005 con Flick como técnico y Tuchel de segundo. Según el propio Flick, Tuchel causaba impresión entre los jóvenes por su estilo: "Llevaba una parka militar vieja que gustaba mucho. Algunos hasta iban a su peluquero, pero creo que al final les salía muy caro".
Pero sobre todo, destacaban sus habilidades como técnico y su talento para el análisis. Flick lo describió como "el hombre con visión de rayos X". "Sus planes de partido siempre funcionaban. Desmontaba a los rivales y siempre encontraba soluciones con su análisis. Era fenomenal", afirmó.
Tras una convocatoria que generó debate la semana pasada, los aficionados ingleses esperan que esa "visión de rayos X" de Tuchel siga tan afilada como siempre. Tres décadas después de dejar su trabajo en el bar, el alemán se enfrenta al que podría ser el mayor desafío de su carrera: traer la Copa del Mundo de vuelta a Inglaterra.
Mənbə: BBC News
