Alemania ha dado un portazo a un programa conjunto de aviones de combate con Francia, asestando un duro golpe a la cooperación en defensa europea. El proyecto, que se presentaba como una alianza militar ambiciosa y sin precedentes, se ha convertido en un claro ejemplo de las desavenencias entre ambos países.
Esta decisión socava los esfuerzos por demostrar que Europa puede actuar con estrategia y un propósito común, y llega en un momento delicado, con las relaciones con Estados Unidos en horas bajas y la persistente agresión rusa en Ucrania.
"Se concibió en otro mundo", afirma Christoph Bergs, analista de poder aéreo en el Royal United Services Institute (Rusi). El avión de combate era una pieza clave del programa más amplio Future Combat Air System (FCAS), una iniciativa puesta en marcha en 2017 por la entonces canciller alemana, Angela Merkel, y el recién elegido presidente francés, Emmanuel Macron.

En aquel momento, se trataba de "reiniciar" las relaciones franco-alemanes y aunar recursos financieros, entonces "limitados", para la defensa, según Bergs. "Es una revolución", proclamó Macron, "pero no tememos a las revoluciones cuando son pacíficas, bien pensadas y destinadas a durar". El presidente francés siempre ha defendido la necesidad de que Europa colabore en defensa para depender menos de socios poco fiables.
El FCAS abarca varios pilares, como motores, sensores y una red de inteligencia digital denominada "nube de combate", pero el avión de combate siempre fue el protagonista. Fuentes alemanas aseguran que los aspectos "centrales" del proyecto, al margen del avión, seguirán adelante, aunque no está claro qué significa exactamente.
Lo que sí se sabe es que surgieron desacuerdos entre los principales actores industriales: la francesa Dassault Aviation y la europea Airbus, que representaba a Alemania y España, incorporada al proyecto más tarde. Las disputas giraron en torno al control del programa y el reparto de tareas. En Francia, Dassault era vista como contratista principal, pero el analista alemán Nico Lange señaló que el problema residía en la firma francesa, que, según informes alemanes, buscaba un papel de liderazgo.

"Las cosas van bien con otras empresas francesas", comentó Lange en X. "El FCAS no es sinónimo de 'defensa europea'… habrá muchos otros buenos proyectos". Dassault aún no se ha pronunciado al respecto.
Además, quedó patente que Alemania y Francia perseguían objetivos distintos. Los franceses buscaban "un caza pequeño y ligero" capaz de despegar desde el portaaviones Charles de Gaulle, mientras que los alemanes preferían un avión más grande para "superioridad aérea", explica Christoph Bergs. El analista añade que la industria alemana, "envalentonada" por el aumento del gasto en defensa, es menos propensa a hacer concesiones que no considere viables.
El hasta ahora austero enfoque alemán en defensa ha dado un giro radical tras la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia en 2022 y la presión del expresidente estadounidense Donald Trump para que Europa invirtiera más en su propia seguridad. A principios de este año, el canciller alemán, Friedrich Merz, ya cuestionaba abiertamente el proyecto: "¿Necesitaremos un caza tripulado dentro de 20 años? ¿Lo necesitamos, dado que tendremos que desarrollarlo a un coste muy elevado?", se preguntó en un podcast.

Una conversación entre Merz y Macron en una cumbre la semana pasada parece haber sido el momento decisivo para poner fin al proyecto del avión. Berlín anunció la noticia el lunes, indicando que Merz había "sugerido" a Macron abandonar el proyecto. Ambos líderes, según Berlín, llegaron a la conclusión compartida de que las empresas implicadas "no pueden llegar a un acuerdo".
Un comunicado posterior del Palacio del Elíseo adoptó un tono más melancólico, expresando "pesar" por que las industrias implicadas no hubieran logrado hacerlo funcionar. "Francia sigue convencida de que la cooperación franco-alemana en defensa y seguridad es esencial para ambos países, así como para nuestros socios europeos", añadía el Elíseo.
Christoph Bergs, de Rusi, considera que, aunque el momento es "inoportuno", los países implicados tienen ahora la oportunidad de "reevaluar" sus objetivos a la luz de los avances tecnológicos de los últimos años.
Mənbə: BBC News
