En Shanxi, el corazón de la industria carbonífera china, siempre ha existido un dicho: "Solo se baja a la mina de carbón cuando no queda otra salida".
Durante décadas, la vida en estos pozos estuvo marcada por la tragedia. Eran tan habituales los accidentes que surgieron frases como "cambiar la vida por dinero" o "jugarse el pellejo por el mañana" para describir a los mineros que se adentraban en túneles donde morían por explosiones de gas, inundaciones o derrumbes.
En la última década, las reformas de seguridad parecían haber erradicado la peligrosa reputación de la industria, y se pensaba que aquellos días habían quedado atrás. Hasta el pasado 22 de mayo, cuando una explosión en la mina Liushenyu, en Shanxi, se cobró la vida de 82 personas y dejó más de 120 heridos.

El peor desastre minero de China en más de 15 años se produce en un momento en que el país apuesta decididamente por las energías verdes, pero es un crudo recordatorio de que aún no ha logrado desvincularse de una industria que tantas veces ha demostrado ser mortal.
"Todos sabíamos que esa mina tenía mucho metano", cuenta Chen, un minero que trabajó dos años en Liushenyu. "Mi impresión es que todavía debe haber mineros atrapados. Los túneles son un laberinto y hay galerías ocultas". Para Chen, con una mina así, "era cuestión de tiempo" que ocurriera una catástrofe.
Las esperanzas de encontrar supervivientes en la mina Liushenyu se han desvanecido. "La explosión llegó hasta la entrada y nos tiró a todos. No veíamos nada, el polvo era increíblemente denso", relató un superviviente a la televisión estatal CCTV. "Tras correr más de diez minutos, perdí el conocimiento. Estaba aterrorizado".

Las autoridades aún no han confirmado la causa exacta de la explosión, pero los expertos consultados por la BBC señalan que este tipo de siniestros suelen deberse a la acumulación de gas metano o polvo de carbón en contacto con una fuente de ignición. Y advierten que, incluso en entornos de alto riesgo, el error humano suele ser el factor fatal: fallos en la gestión, sistemas de seguridad deficientes o incumplimiento de protocolos.
Una mina de carbón bien diseñada "es totalmente capaz de prevenir una explosión mediante salvaguardias sistemáticas", explica Hong Chen, profesor del Instituto de Seguridad Nacional y Desarrollo Verde de la Universidad de Jiangnan. "Basándonos en la gestión de la seguridad y los sistemas técnicos actuales, quiero ser muy claro: este accidente no debería haber ocurrido".
Las primeras investigaciones apuntan a que Tongzhou Group, la empresa operadora de la mina privada, cometió "graves infracciones ilegales", según las autoridades, aunque no han especificado cuáles. La compañía no ha respondido a las acusaciones y los intentos previos de la BBC por contactarles fueron infructuosos.

Los medios estatales han descrito un panorama de flagrantes violaciones de seguridad en la mina: un tablón de anuncios en el lugar sugería que solo la mitad de los trabajadores presentes ese día estaban registrados oficialmente; se descubrió que muchos mineros no portaban dispositivos de seguimiento obligatorios; y la existencia de túneles secretos y planos inexactos complicaron las labores de rescate.
Un trabajador de Liushenyu declaró al medio chino Lengshan Record que la empresa no permitía el uso de dispositivos de seguimiento porque se estaba extrayendo carbón de forma ilegal de vetas no autorizadas. "Llevar un rastreador lo habría delatado", afirmó.
Además, ha salido a la luz que la mina Liushenyu ya había sido señalada por infracciones de seguridad anteriormente, apareciendo en una lista de 2024 de la Administración Nacional de Seguridad Minera de China de minas con "peligros graves". Al año siguiente, Tongzhou Group fue sancionada dos veces por violaciones de seguridad, según los medios estatales.

Las autoridades que investigan la explosión han impuesto "medidas de control" a los responsables de Tongzhou Group y han paralizado las operaciones en otras minas de la compañía.
Las tasas de mortalidad en la industria carbonífera china han caído más de un 90% desde 1990, gracias a un paquete de reformas de seguridad. Sin embargo, según el profesor Chen, la reciente tragedia demuestra que "el hecho de que hayamos progresado en general no significa que podamos permitirnos bajar la guardia".
La tragedia de Liushenyu ha puesto el foco de nuevo en la turbulenta historia de una de las industrias más cruciales y peligrosas de China.

Cuando la economía china se abrió en los años 80, la producción de carbón se disparó, convirtiéndose en la piedra angular de su ambición industrial. En el epicentro de este auge se encontraba la provincia de Shanxi, hogar de vastas reservas de carbón coquizable, uno de los grados más codiciados, y una base industrial desarrollada desde principios del siglo XX. Hoy, la provincia representa casi el 30% de la producción nacional de carbón de China.
A principios de siglo, la industria del carbón de Shanxi generaba enormes beneficios debido a la creciente demanda, pero tuvo un coste humano. Un informe de la agencia estatal Xinhua describió entonces sin rodeos el desarrollo como "PIB manchado de sangre".
En su afán por aumentar la productividad y los ingresos, los propietarios de minas locales sobornaban a funcionarios para que hicieran la vista gorda ante las prácticas laborales inseguras, escribió Nie Huihua, profesor de economía de la Universidad Renmin de China, en un artículo de 2020. "Cuando el crecimiento económico era más importante que la estabilidad social, el gobierno central relajó su vigilancia ante este tipo de 'colusión'. En esos momentos, aumentaba la producción de carbón y también los accidentes mineros".
El horror de los desastres mineros se retransmitía a menudo a nivel nacional. En 2010, la gente de todo el país observó cómo los equipos de rescate se afanaban por liberar a más de 150 trabajadores atrapados en la mina de carbón Wangjialing, en Shanxi, tras una inundación subterránea. "Mi marido está muerto, no necesito que me lo digan", declaró entonces un familiar al periódico estatal China Daily. Lo que se describió como un milagro permitió rescatar a 115 mineros.
Muchos otros no tuvieron tanta suerte. Entre 1980 y 2010, murieron un promedio de 5.853 personas al año en China a causa de desastres mineros, según un recuento de Nie. Sin embargo, en 2018, esa cifra se redujo a 333, a pesar de que la producción de carbón se duplicó con creces.
El drástico cambio se produjo después de que las autoridades endurecieran las regulaciones e introdujeran mejores sistemas de monitorización de gases y mecanismos de rendición de cuentas más claros. También cerraron miles de pequeñas minas privadas que operaban al margen de la supervisión regulatoria.
La tecnología formó parte de la campaña de seguridad, y los flujos de trabajo tradicionalmente intensivos en mano de obra dieron paso a la mecanización y la automatización. El estado ideal de la seguridad en las minas de carbón en China se resume así: "Menos gente, más seguridad; sin gente, seguridad absoluta", afirma el profesor Chen. "La transición verde está impulsando precisamente a la industria a alejarse del viejo modelo de aumentar la producción y avanzar hacia un nuevo paradigma".
El aumento de la producción de energía renovable es una prioridad política clave para China, como se detalla en su último Plan Quinquenal. El país se ha fijado el ambicioso objetivo de duplicar su suministro de energía limpia para 2035 y alcanzar cero emisiones netas de carbono para 2060. Los paneles solares y las turbinas eólicas que salpican vastas extensiones de tierra bañada por el sol, desde la Meseta Tibetana hasta los desiertos de Xinjiang, forman parte de esta visión. El plan es que las líneas eléctricas transporten esta energía verde a las megaciudades de Guangzhou, Shenzhen y Chongqing.
Sin embargo, existe un marcado contraste entre las ambiciones renovables de China, líderes mundiales, y su persistente dependencia del carbón. La prominencia del carbón está disminuyendo gradualmente. La generación de energía a partir de carbón en el país se redujo el año pasado por primera vez en una década. El año pasado, los beneficios en el sector de la minería y el lavado de carbón cayeron un 41,8%, según datos oficiales.
Pero China sigue siendo el mayor productor de carbón del mundo, representando algo más de la mitad de la producción mundial en 2024, con 4,8 millones de toneladas. El gobierno ha calificado a menudo al carbón como la "piedra de lastre" de la seguridad energética de China: un ancla fiable en un mercado energético global a menudo inestable.
Esa lógica cobró sentido después de que la guerra de Irán estrangulara el Estrecho de Ormuz. Mientras otros países de Asia sufrían la crisis del petróleo, el suministro de carbón de China ayudó a aislar su economía de los peores impactos.
"El impulso de China hacia la energía verde no ha hecho desaparecer el carbón; ha cambiado su papel", afirma Roc Shi, profesor de economía energética y medioambiental de la Universidad de Tecnología de Sídney. "El carbón está pasando de ser el motor del crecimiento a ser un respaldo para la seguridad energética y la fiabilidad del sistema eléctrico".
El carbón ha sido durante mucho tiempo "oro negro" para la economía china y sigue siendo indispensable para mantener las luces encendidas para su población de 1.400 millones de personas. En Shanxi, también es un salvavidas para quienes tienen pocas alternativas.
"Seguiré haciendo este trabajo, porque en nuestro condado, aparte de trabajar en las minas, es difícil encontrar otra cosa. Si no, tienes que dejar tu casa e ir a otro lugar", cuenta un minero a la BBC. Él es electricista y trabaja en superficie, lo que hace su labor menos arriesgada que la de quienes se adentran en las minas. Al oír hablar del desastre de Liushenyu, dice que se le "quedó en blanco la mente".
Otro trabajador afirma que su único pensamiento tras la tragedia fue: "Las vidas de la gente corriente son miserables".
Sin embargo, incluso para una industria tan plagada de peligros y dificultades, Chen, el minero que trabajó anteriormente en Liushenyu, sugiere que siempre habrá gente desesperada dispuesta a arriesgarse en las minas. Como señala, "los mineros trabajan voluntariamente" para "alimentar a sus familias".
El gobierno chino ha prometido pedir cuentas a los responsables del incidente de Liushenyu. Pero para mineros como Chen, "ya es demasiado tarde". "El Estado le da mucha importancia. Pero ¿pueden volver a la vida los mineros que han muerto?"
Mənbə: BBC News
