Desde la terraza de un hotel en Benidorm, Fede Fuster contempla el perfil de la ciudad, sus rascacielos y su icónica playa. "Con sus virtudes y defectos, es un lugar del que nos sentimos orgullosos", afirma. "Es un lugar de oportunidades". Fuster, cuya familia fue pionera en la construcción hotelera en la localidad en los años 50, preside la asociación de turismo local. Benidorm, con apenas 77.000 habitantes censados, multiplica su población por cinco en temporada alta, consolidándose como uno de los grandes imanes turísticos de España.
Tras el parón provocado por la pandemia de Covid-19, que dejó resorts como Benidorm prácticamente desiertos y la industria turística española en jaque, la recuperación ha sido espectacular. Las llegadas de turistas extranjeros han batido récords año tras año, alcanzando los 97 millones en 2025. España, que ya es el segundo destino turístico mundial solo por detrás de Francia, se prepara para consolidar este éxito en 2026. "Creo que va a ser un gran año", vaticina Fuster, optimista ante la posibilidad de alcanzar los 100 millones de turistas. "Si seguimos creciendo así, pronto seremos los número uno del mundo".
Los expertos del sector esperaban un crecimiento más moderado para 2026. Sin embargo, el conflicto entre Estados Unidos e Irán ha convertido a España en una alternativa atractiva frente a destinos como Dubái o países del Mediterráneo oriental como Turquía y Chipre. "En momentos de crisis, de ataques o guerras, las reservas siempre aumentan", señala Fuster, recordando un fenómeno similar en 2011 durante la Primavera Árabe, aunque prefiere competir sin esta ventaja. "Cada vez que hay una crisis en el Mediterráneo oriental o en Oriente Medio, España se percibe como un lugar seguro", corrobora Francisco Femenia-Serra, geógrafo de la Universidad Complutense de Madrid. "Parte de los turistas que normalmente irían a Turquía o Egipto por los precios bajos, por ejemplo, podrían acabar viniendo a España".

Las cifras oficiales parecen confirmar esta tendencia. España recibió 9,1 millones de visitantes internacionales en abril, una cifra récord para ese mes, lo que supone un aumento del 5,2% respecto a abril de 2025. En contraste, el aeropuerto de Dubái vio caer su número de pasajeros un 66% en marzo debido a la situación geopolítica. El turismo, que aporta el 13% del PIB español, ha sido un motor clave del crecimiento del país en los últimos años, superando a Francia, Alemania, Italia y Reino Unido.
Sin embargo, no todo es idílico. El posible encarecimiento del combustible podría frenar los viajes de los europeos al extranjero. La otra gran preocupación es interna: el creciente malestar de los residentes locales ante el impacto del turismo en su entorno. "El turismo siempre fue aceptado como un sector económico positivo para España", explica Femenia-Serra. "Eso cambió a partir de 2016-2017, con la etiqueta de 'overtourism' (turismo masivo) en ciudades como Barcelona. Ahora, la mayoría de los jóvenes españoles menores de 45 años tienen una visión diferente, ven un sector con impacto positivo pero también con consecuencias negativas en sus vidas".
Desde 2024, Barcelona y otros puntos calientes del turismo, tanto en la costa mediterránea como en las islas Baleares y Canarias, han sido escenario de protestas contra la masificación. Una encuesta europea de YouGov de septiembre de 2024 reveló que el 28% de los españoles tenía una visión negativa del turismo extranjero, el porcentaje más alto de todos los países encuestados. Dos tercios de los españoles simpatizaban con las protestas.

Las quejas locales incluyen la congestión en los centros urbanos, el impacto medioambiental y, sobre todo, la percepción de que el turismo agrava la crisis de vivienda en España. Una nueva oleada de protestas contra el encarecimiento de los alquileres ha surgido en las últimas semanas, asociando a menudo el problema con la actividad turística. En Valencia, un grupo de inquilinos se reúne para debatir sus problemas de vivienda con representantes del Sindicat de Llogateres. "Tenemos por un lado el mercado de alojamiento turístico y por otro el mercado residencial", afirma Jordi Vila, portavoz del sindicato. "Al renovar los contratos, los propietarios ya no piensan en fijar rentas según los salarios locales, sino según los de los visitantes extranjeros, que pueden ser tres o cuatro veces superiores. La gente local acaba siendo expulsada de sus hogares". Vila cita Barcelona como el epítome de este fenómeno, describiendo el centro de la ciudad como "una especie de parque temático" donde la proliferación de alojamientos turísticos ha desplazado a los residentes.
En Asturias, han aparecido pintadas en viviendas de alquiler vacacional con el lema: "Vuestro negocio, nuestra ruina". El gobierno de coalición de izquierdas también ha identificado el alojamiento turístico como un problema. En 2025, el presidente Pedro Sánchez advirtió que "sobran los Airbnbs y faltan las casas". En diciembre, su gobierno multó a la plataforma de alquiler vacacional con 65 millones de euros por anunciar pisos sin licencia. Los gobiernos locales también han anunciado medidas para frenar el crecimiento de los alojamientos turísticos y gestionar los flujos de visitantes.
Algunos ayuntamientos restringen la concesión de licencias de pisos turísticos, y Barcelona planea revocar las de sus 10.000 apartamentos de corta estancia para 2028. Además, ha duplicado la tasa turística para los cruceristas hasta los ocho euros. Los activistas locales aplauden estas medidas pero exigen más. El sector turístico, por su parte, está preocupado. La patronal Exceltur ha pedido "la reparación de los vínculos entre el sector turístico y los residentes locales". El sector de los apartamentos turísticos, citando un informe de PwC sobre el plan de Barcelona, advierte de que podría minar la competitividad de la ciudad y causar la pérdida de miles de empleos.

Femenia-Serra señala que las ciudades siguen buscando fórmulas satisfactorias. "Tenemos medidas que intentan paliar el impacto del turismo y redistribuir a los turistas en las ciudades, pero aún no hemos visto ninguna medida efectiva para reducir el número de visitantes". En Benidorm, mientras se perfila otro verano récord para España, Fede Fuster reconoce la reacción adversa hacia su sector. "Decimos que somos la industria de la felicidad", admite. "Pero también debemos darnos cuenta de que impactamos en la vida normal de los ciudadanos. La forma en que acogemos a la gente, nos preocupamos por ellos y nuestra forma de vivir, creo que es algo que el turista realmente aprecia, esa es la clave", explica. "Por eso tenemos que trabajar mucho en estos lugares, sobre todo en ciudades donde hay una sensación de no dar la bienvenida a los turistas. Es muy importante para nosotros porque si perdemos eso, estamos muertos."

Mənbə: BBC News
