¿Qué es El Niño y cómo afectará al clima?

Científicos de la ONU alertan de que un patrón meteorológico natural, conocido como El Niño, podría activarse en las próximas semanas, trayendo consigo fenómenos extremos a diversas partes del planeta.

Algunas previsiones apuntan a que este El Niño podría ser uno de los más intensos registrados hasta la fecha, lo que previsiblemente agravará el calentamiento global en un planeta ya afectado por el cambio climático.

La aparición de El Niño depende de las condiciones en el océano Pacífico y la atmósfera circundante. Este fenómeno se desencadena cuando los vientos que habitualmente soplan de este a oeste se debilitan o invierten su dirección. Esto permite que las aguas cálidas se extiendan por la zona central y oriental del Pacífico tropical.

En los últimos meses, los científicos han detectado un aumento de la temperatura superficial del mar en estas áreas, así como una bajada de la presión atmosférica en el Pacífico central en comparación con el oeste. Ambas son señales claras de que El Niño podría estar en camino.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) de la ONU estima en un 80% la probabilidad de que El Niño comience entre junio y agosto, y suele durar aproximadamente un año.

Algunos expertos advierten de que este episodio podría ser especialmente fuerte, en parte porque las aguas profundas del Pacífico están inusualmente cálidas, llegando a superar en algunos puntos los 6°C por encima de la media. Este calor subacuático suele traducirse en temperaturas superficiales más altas. Cuando estas superan los 0,5°C sobre la media durante un periodo prolongado, se dan las condiciones para El Niño. Un calentamiento superior a 2°C se considera un fenómeno "muy fuerte" o "super El Niño", que solo ha ocurrido unas pocas veces desde 1950.

Algunos modelos sugieren que el próximo El Niño podría igualar o incluso superar los picos de eventos pasados, aunque todavía existe incertidumbre al respecto.

El fenómeno El Niño fue observado por primera vez por pescadores peruanos en el siglo XVII, quienes lo bautizaron como "El Niño de Navidad" por coincidir con la época del nacimiento de Jesús.

Según Celeste Saulo, secretaria general de la OMM, un El Niño intenso "exacerbará las sequías y las lluvias torrenciales, y aumentará el riesgo de olas de calor tanto en tierra como en el mar". Durante El Niño, el océano transfiere calor a la atmósfera, elevando las temperaturas. Combinado con el calentamiento global provocado por la actividad humana, esto podría hacer que 2027 se convierta en el año más caluroso jamás registrado.

El impacto exacto en el clima varía según la región y la época del año. Aunque cada evento es único, un El Niño fuerte suele provocar tiempo caluroso y seco en partes de Sudamérica, el Sudeste Asiático y Australia, aumentando el riesgo de sequías e incendios forestales. También puede debilitar el monzón indio y, en el sur de Estados Unidos, intensificar las lluvias, elevando el riesgo de inundaciones.

En cuanto a las tormentas, El Niño tiende a favorecer un mayor número de ciclones tropicales en el Pacífico oriental y central, pero reduce su frecuencia en el Atlántico tropical, incluyendo el sureste de EE. UU. En el Reino Unido, el efecto es más complejo y variable, pero podría aumentar la probabilidad de inviernos suaves al principio y fríos al final, según la Oficina de Meteorología británica.

El secretario general de la ONU, António Guterres, ha instado al mundo a prepararse, advirtiendo que "El Niño avivará las llamas de un mundo en calentamiento. Sus impactos serán más duros, llegarán más lejos y cruzarán fronteras con devastadora rapidez".

Las sequías en Sudamérica y el Sudeste Asiático podrían afectar a las cosechas en un momento en que el cierre del Estrecho de Ormuz ya está alterando la distribución de fertilizantes. Esto podría traducirse en cosechas más escasas, menor oferta de alimentos y precios más altos.

Para las comunidades pesqueras sudamericanas, existe el riesgo de capturas menores. Durante El Niño, afloran menos aguas frías y ricas en nutrientes, lo que reduce la disponibilidad de alimento para especies marinas como la anchoveta.

Algunos científicos comparan la situación actual con el episodio de El Niño de 2015-2016, uno de los más potentes de la historia. Aquel año se produjeron escasez de agua en el Caribe, una temporada de huracanes récord en el Pacífico central y sequías en el Cuerno de África. La combinación de tormentas y sequías generalizadas provocó escasez de alimentos a nivel mundial, y millones de personas en Sudán y Haití sufrieron inseguridad alimentaria aguda, según la FAO de la ONU.

Los eventos de El Niño desde 1950 han sido más intensos que los ocurridos entre 1850 y 1950, según el IPCC de la ONU. No obstante, la evidencia histórica, como los anillos de los árboles, muestra variaciones en su frecuencia e intensidad desde el siglo XV. El IPCC no ha encontrado pruebas concluyentes de que el cambio climático haya afectado a los eventos de El Niño, aunque algunos modelos climáticos sugieren que podrían volverse más frecuentes e intensos debido al calentamiento global, un área de investigación compleja y con consenso científico limitado.

Sin embargo, los impactos de El Niño se sumarán a los del cambio climático a largo plazo, lo que podría intensificar aún más los fenómenos meteorológicos extremos.

El Niño tiene un fenómeno hermano llamado La Niña. Durante La Niña, la temperatura superficial del mar en el Pacífico centro-oriental es más fría, lo opuesto a El Niño. La presión atmosférica es más alta en el Pacífico central y más baja en el oeste. La Niña suele traer condiciones más húmedas a Australia, Indonesia y Sudamérica ecuatorial, y más secas al sur de EE. UU.

El Niño y La Niña suelen alternarse, pero a veces pueden ocurrir dos eventos del mismo tipo de forma consecutiva. En promedio, se presentan cada dos a siete años.

Mənbə: BBC News

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