Irán desafía a Israel: ¿un pulso de poder o una jugada diplomática?

El reciente ataque de Irán con misiles y drones contra Israel, en respuesta a acciones israelíes contra Hezbolá en Líbano, ha dejado una estela de interrogantes. Más allá de su impacto militar inmediato, que parece limitado, la maniobra política de Teherán podría ser mucho más trascendente.

Tradicionalmente, Irán ha justificado sus ataques directos a Israel como represalias por acciones contra su territorio, sus mandos o sus intereses. Sin embargo, esta vez la motivación ha sido diferente: Teherán actuó tras un ataque contra uno de sus aliados, concretamente contra un edificio en Beirut vinculado a Hezbolá, según la versión israelí.

La decisión de atacar, a pesar de que el propio ejército iraní anunció posteriormente el cese de las hostilidades, plantea una cuestión clave: ¿por qué la cúpula iraní consideró que era el momento oportuno para dar este paso, asumiendo el riesgo de una nueva acción militar israelí y poniendo en peligro unas delicadas negociaciones con Estados Unidos?

Una parte de la respuesta podría encontrarse en la autoevaluación que los líderes iraníes han hecho de su posición tras meses de conflicto. A pesar de las presiones militares y económicas, y del bloqueo naval estadounidense, la República Islámica ha sobrevivido. El gobierno sigue en pie, sus fuerzas de seguridad intactas y no se ha producido un levantamiento popular a pesar de las predicciones de sus adversarios.

Esta experiencia podría haber modificado los cálculos de Teherán. En lugar de verse como un actor vulnerable que debe evitar la confrontación a toda costa, Irán podría estar empezando a percibirse como una potencia que ha superado lo peor y que ahora puede permitirse marcar nuevas líneas rojas.

El ataque a Israel podría haber tenido como objetivo menos la represalia y más la disuasión. Teherán podría estar enviando un mensaje: los ataques contra sus aliados regionales ya no se tratarán como incidentes aislados, sino como si fueran contra Irán mismo. Este mensaje es crucial para Hezbolá, las milicias iraquíes y otros miembros del "Eje de la Resistencia" de Irán. La credibilidad de Teherán en la región descansa, en parte, en la convicción de que apoyará a sus socios. No responder tras advertir públicamente a Israel habría dañado esa imagen.

Desde esta perspectiva, el ataque no solo iba dirigido a Israel, sino también a los aliados de Estados Unidos e Israel en la región, que observaban atentamente si Teherán cumpliría sus amenazas.

El momento elegido también es intrigante. El presidente estadounidense, Donald Trump, había insinuado recientemente que un acuerdo podría estar al alcance. La lógica convencional sugeriría que Irán debería evitar acciones que pudieran descarrilar la diplomacia. Sin embargo, Teherán podría pensar lo contrario.

Los líderes iraníes podrían haber concluido que demostrar fortaleza mediante una acción militar calculada y limitada podría, de hecho, fortalecer su posición en la mesa de negociaciones en lugar de debilitarla. Desde su punto de vista, mostrar disposición a usar la fuerza podría recordar a Washington y a Israel que Irán todavía tiene opciones.

Esto no significa necesariamente que Irán desee el fracaso de las conversaciones. Teherán parece haber actuado para establecer un precedente y enviar un mensaje político, pero sin alcanzar una escala que hiciera inevitable la escalada.

Queda por ver si este cálculo resultará acertado. Las reacciones de los ciudadanos iraníes ante este intercambio reflejan el debate interno. Algunos consideran las acciones de Irán una respuesta justificada. "Que Irán se una al conflicto para defender Líbano es leal y correcto. Desde el acuerdo nuclear, Irán no ha violado las leyes internacionales, y este ataque fue en respuesta a que la otra parte rompió las reglas del alto el fuego", comentaba un miembro de la audiencia de BBC Persa.

Otros cuestionan las prioridades de Teherán: "Durante casi dos meses ha habido combates (bombardeos) en el sur de Irán, pero ninguna respuesta seria. Parece que el sur de Líbano se considera más importante que el sur de Irán".

Para muchos, sin embargo, el sentimiento predominante es la preocupación por las posibles consecuencias del enfrentamiento. "Honestamente, mi corazón se hundió cuando la guerra comenzó de nuevo", confesaba otro miembro de la audiencia a BBC Persa.

Hay quienes creen que el intercambio es poco probable que escale a un conflicto mayor. "Este choque no es muy serio y no se convertirá en una guerra total como las dos últimas. Irán sabe que Estados Unidos ya no quiere una guerra directa, así que está tomando la iniciativa. Es en parte para la galería y propaganda, para hacer sentir a sus partidarios que están ganando", argumentaba un espectador.

Otra posibilidad es que el ataque refleje una creciente insatisfacción con la dirección de las negociaciones. Si Irán siente que se le pide hacer concesiones sin recibir beneficios significativos a cambio, esta acción podría ser una forma de aumentar su poder de negociación antes de la próxima fase de las conversaciones.

En cualquier caso, el ataque sugiere un liderazgo que se siente más seguro de lo que muchos observadores externos esperaban hace apenas unos meses. La pregunta clave no es si Irán estaba dispuesto a soportar otra ronda de bombardeos israelíes, sino si Teherán cree ahora que puede hacerlo mientras persigue la diplomacia. Si es así, Irán podría estar intentando establecer una nueva realidad regional: una en la que negocia desde una posición de fuerza mientras aplica activamente sus propias líneas rojas.

Por arriesgado que sea este enfoque, representaría un cambio significativo en la forma en que la República Islámica se ve a sí misma, tanto en términos de seguridad como de su lugar en Oriente Medio.

Mənbə: BBC News

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