La afición inglesa abandonó el Estadio Dallas con una euforia desbordante tras presenciar la contundente declaración de intenciones del equipo de Thomas Tuchel. El encuentro, que finalizó con un vibrante 4-2 a favor de los 'Three Lions', dejó un sabor agridulce: fútbol ofensivo espectacular pero también preocupantes fragilidades defensivas.
Harry Kane había pedido a sus compañeros "libertad mental" para afrontar la presión del Mundial, y el equipo pareció tomarse la petición al pie de la letra, para bien y para mal. La victoria inicial ante Croacia fue un cóctel de ataque trepidante y defensa endeble, aunque las sonrisas en los rostros de los seguidores a la salida del colosal recinto contaban otra historia. A diferencia de épocas recientes, donde el juego inglés, pese a alcanzar finales de Eurocopa y cuartos de Mundial, resultaba a menudo previsible y poco emocionante, este partido fue todo lo contrario.
El encuentro fue un espectáculo hipnótico, imposible de apartar la mirada. Se vivió la tensión del primer tiempo, con un Tuchel visiblemente contrariado, y la posterior avalancha ofensiva en la segunda mitad, que culminó con el técnico alemán abrazando a su compatriota Jürgen Klopp, presente en la grada como comentarista. Fue un fútbol al límite que, a juzgar por la reacción final, encantó a los seguidores ingleses. La gran incógnita será si esa misma afición mantendrá el entusiasmo si la defensa muestra tales carencias ante rivales de mayor calibre.
La posibilidad de que delanteros de élite se encuentren con una zaga tan desorganizada como la vista en Dallas, especialmente en la primera parte, será un pensamiento muy aleccionador para Tuchel, quien sabe que el rendimiento defensivo no fue suficiente. La elección de Ezri Konsa en detrimento de Marc Guéhi, defensa del Manchester City, fue controvertida y el jugador del Aston Villa no hizo méritos para justificar su continuidad. Tuchel apenas pudo ocultar su disgusto cuando, tras dos goles de Kane –quien igualó el récord de Gary Lineker con 10 tantos en Mundiales–, una defensa errática permitió a Croacia empatar.
Sea cual fuera la reprimenda de Tuchel, sirvió de catalizador para una exhibición ofensiva que vio a Jude Bellingham devolver la ventaja a Inglaterra poco después del descanso. Croacia se vio acorralada por una sucesión de ataques, especialmente durante un tramo de la segunda mitad, del que lograron zafarse hasta que Marcus Rashford sentenció el partido.
La alineación de Tuchel, dada la profundidad de su plantilla, fue audaz. Apostar por Bellingham por delante de Morgan Rogers y preservar la forma física de Bukayo Saka dando entrada a Noni Madueke fueron decisiones acertadas. Bellingham fue el motor inglés, con internadas imparables desde el centro del campo, culminadas con un gol en el que dejó atrás a Mario Pašalić antes de batir a Dominik Livaković. Fue el punto de inflexión; Inglaterra, espoleada tras el descanso por las palabras de Tuchel, jugó con una urgencia e intención renovadas, recuperando la iniciativa.
Madueke fue una constante amenaza, provocando un penalti temprano al ser más rápido que un Luka Modrić fatigado. Kane, que suma ya 81 goles en 115 partidos internacionales, falló un penalti algo torpe, pero tuvo una segunda oportunidad al considerar el árbitro que Livaković se había adelantado. Kane no la desperdició.
La actuación inglesa tuvo sus fallos y es pronto para lanzar las campanas al vuelo, pero los futuros rivales habrán observado su potencial ofensivo con cierta aprensión. El contexto, sin embargo, es que Inglaterra mostró demasiadas debilidades atrás. Quizás la única solución sea responder fuego con fuego, a menos que Tuchel encuentre una forma de corregir la defensa.
La victoria inglesa también es fruto del pensamiento positivo de Tuchel, quien no parece dispuesto a renunciar a la búsqueda del primer Mundial masculino desde 1966 escondiéndose. El técnico alemán no ha minimizado las expectativas; "La segunda estrella en la camiseta" ha sido su objetivo desde el primer día. Su estrategia ofensiva dista mucho del enfoque conservador que se le achacaba a su predecesor, Gareth Southgate.
Tuchel respaldó sus palabras con hechos. Un ejemplo claro fueron sus cambios en el minuto 72: dio entrada a los ofensivos Morgan Rogers, Marcus Rashford y Bukayo Saka, reemplazando a jugadores más defensivos como Declan Rice, Anthony Gordon y Noni Madueke. Con un 3-2 en el marcador, sus sustituciones buscaban ampliar la ventaja, no conservarla.
Wayne Rooney, exdelantero inglés y comentarista, alabó la valentía de Tuchel: "Me encantaron esos cambios. Me encantó lo positivo que fue Thomas Tuchel porque si te sientas atrás esperando que Croacia ataque, se vuelve nervioso. Es valiente y demuestra que intenta ganar el partido". Paul Robinson, exportero inglés, coincidió: "La forma en que hizo los cambios fue valiente y audaz. Entraron y afectaron el partido". Joe Hart, otro exguardameta, añadió: "Dijo que íbamos a arrasarles. Tenemos piernas, tenemos habilidad. Los sacó y es genial para la plantilla que los suplentes entren y tengan este impacto".
Los primeros pasos de Inglaterra en este Mundial fueron vacilantes, pero cuando encontraron su ritmo, evocaron esa palabra: euforia. Tuchel sabe que ganar el partido inaugural es crucial para sentar las bases de su progreso en el Grupo L. Ahora, deberán cimentar su camino ante Ghana el próximo martes.
Mənbə: BBC News
