Cumbre Trump-Xi: Éxito ‘muy exitoso’ pero pocos acuerdos cerrados

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, abandonó Pekín tras una cumbre de dos días declarando haber cerrado "acuerdos comerciales fantásticos, estupendos para ambos países", si bien han trascendido pocos detalles sobre lo pactado por las dos superpotencias.

Trump llegó a la cumbre de alto riesgo con el líder chino, Xi Jinping, acompañado de varios CEOs de empresas punteras en sectores como la agricultura, la aviación, los vehículos eléctricos y los chips de inteligencia artificial (IA). El comercio ocupaba un lugar prioritario en la agenda, a pesar de las recientes tensiones por la guerra en Irán, y las empresas esperaban acuerdos clave, así como una extensión de la tregua arancelaria que expira en noviembre.

La visita estuvo marcada por una retórica cordial y un fuerte componente simbólico. Trump fue agasajado con un apretado programa que incluyó una guardia de honor, un banquete de Estado y una invitación al exclusivo complejo donde residen y trabajan los líderes del Partido Comunista chino. El mandatario estadounidense pareció impresionado e invitó a Xi a la Casa Blanca en septiembre, calificando las conversaciones de "muy exitosas", mientras que Xi describió la visita como "histórica y trascendental". El ministro de Exteriores chino, Wang Yi, confirmó el viernes que Xi visitará la Casa Blanca en otoño.

Sin embargo, ninguna de las partes ha anunciado avances comerciales ni acuerdos empresariales significativos. Trump declaró a los periodistas a bordo del Air Force One que China se había comprometido a comprar 200 aviones Boeing, con una opción de compra de 750 aparatos adicionales, un acuerdo que el gigante aeroespacial ha confirmado. Trump también aseguró que los agricultores estadounidenses estarían satisfechos, ya que China compraría "miles de millones de dólares" en soja. Por parte china, no ha habido confirmación de estos acuerdos ni compras.

De formalizarse los pedidos de Boeing, sería el primer gran acuerdo de la compañía con China en casi una década, tras haber quedado prácticamente excluida del segundo mercado aeronáutico mundial debido a las tensiones comerciales. Preguntado sobre las declaraciones previas de Trump a Fox News, el portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Guo Jiakun, se limitó a afirmar que la "esencia de las relaciones económicas y comerciales entre China y EE.UU. es el beneficio mutuo y la cooperación en la que todos ganan". Añadió que ambas partes deben trabajar para implementar el "consenso importante" alcanzado por los líderes y aportar mayor estabilidad a los lazos comerciales bilaterales y a la economía global.

Persisten las dudas sobre la tregua comercial acordada en octubre, cuando Washington suspendió fuertes subidas arancelarias a productos chinos mientras Pekín aliviaba las restricciones a la exportación de tierras raras, cruciales para la industria. Sorprendentemente, Trump declaró a los periodistas en el Air Force One que él y Xi no habían discutido los aranceles en absoluto. No obstante, la Casa Blanca indicó que ambos líderes acordaron establecer una "Junta de Comercio" para gestionar la relación sin reabrir negociaciones arancelarias. El secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent, quien lideró las conversaciones comerciales por parte de Washington, expresó en una entrevista a CNBC su expectativa de avances en un mecanismo para apoyar futuras inversiones.

Uno de los momentos más esperados se produjo a la llegada del Air Force One a Pekín el miércoles por la noche. El CEO de Tesla, Elon Musk, descendió del avión antes que altos funcionarios, un indicio de la crucial agenda económica que se avecinaba. Musk y el jefe de Nvidia, Jensen Huang, se mantuvieron cerca de Trump durante la ceremonia de bienvenida y destacaron en el banquete. La presencia de Huang, que no estaba previsto inicialmente en la delegación, alimentó la especulación sobre la importancia de la IA y el acceso a los chips en las conversaciones. Con los vehículos eléctricos, la IA y los semiconductores como campos de batalla clave en la rivalidad entre EE.UU. y China, tanto Tesla como Nvidia tienen mucho que perder o ganar. Tesla depende en gran medida de su gigafactoría de Shanghái y de los consumidores chinos, mientras que Nvidia desea volver a vender chips avanzados a China, algo actualmente prohibido por los controles de exportación estadounidenses. Estos controles buscan limitar el acceso de China a capacidades de IA de vanguardia, aunque según el representante de comercio estadounidense Jamieson Greer, no fueron un punto principal de debate en la cumbre. Pekín, sin embargo, insiste en un mayor acceso a tecnología avanzada y critica lo que considera intentos de frenar su desarrollo industrial. Se esperaba que la IA fuera un tema central, y Trump comentó a la prensa que hablaron de "posibles guardarraíles" para "trabajar juntos", aunque sin especificar su naturaleza.

La guerra arancelaria del año pasado también afectó a los agricultores estadounidenses, deseosos de exportar más soja, carne de vacuno y ave a China. Según Jamieson Greer, se cerraron acuerdos sobre compras chinas de productos agrícolas estadounidenses, pero el Ministerio de Exteriores de China no confirmó nuevos pactos, limitándose a señalar que ambas partes acordaron mantener la estabilidad de los lazos comerciales y ampliar la cooperación sobre la base de "igualdad, respeto mutuo y beneficio mutuo". La Casa Blanca informó de que las conversaciones también abordaron la ampliación del acceso al mercado chino para empresas estadounidenses y el aumento de la inversión china en industrias de EE.UU. A pesar de ser un mercado clave para las empresas estadounidenses, China presenta un entorno operativo difícil debido a la regulación, la burocracia y la incertidumbre geopolítica. No obstante, Pekín pareció adoptar una postura positiva al respecto: Xi declaró a empresarios estadounidenses que las "puertas de China se abrirán más" y que las empresas americanas tendrían "perspectivas más amplias" en el mercado chino, según la agencia Xinhua. También abogó por una mayor cooperación en comercio, agricultura, sanidad, turismo y aplicación de la ley, calificando los lazos bilaterales de "mutuamente beneficiosos" y generadores de "resultados en los que todos ganan".

Taiwán, el aliado estadounidense y la isla autogobernada que Pekín reclama, ha sido un punto de fricción entre EE.UU. y China durante las conversaciones comerciales del último año. Sin embargo, en esta ocasión, Pekín vinculó Taiwán a la relación económica general con Estados Unidos. Según la versión china, Xi afirmó que ambas partes acordaron un "nuevo posicionamiento" para las relaciones basado en una "estabilidad estratégica constructiva", pero reiteró la advertencia ya conocida de que Taiwán sigue siendo la cuestión más sensible. "La cuestión de Taiwán es el asunto más importante en las relaciones entre China y EE.UU.", advirtió Xi durante las conversaciones, según los medios estatales chinos. "Si se maneja mal, las dos naciones podrían chocar o incluso entrar en conflicto", añadió. Taipéi seguirá la situación de cerca, aunque es difícil predecir si y cómo esto afectará a la colaboración de EE.UU. con empresas de semiconductores en Taiwán o a su tradicional relación con la isla.

La guerra contra Irán y el consiguiente bloqueo del estrecho de Ormuz fueron un punto clave de la agenda, y Trump esperaba la cooperación china en el conflicto iraní y en el mercado petrolero. Trump afirmó que China podría usar su influencia para animar a Irán a estabilizar los flujos a través del estrecho de Ormuz, una arteria energética global clave. "[Xi] querría ver el estrecho de Ormuz abierto, y dijo 'si puedo ayudar en algo, me gustaría ayudar'", declaró Trump a Fox News. El Ministerio de Exteriores chino fue más vago, emitiendo un comunicado el viernes en el que pedía "un alto el fuego integral y duradero". "Los canales de navegación deberían reabrirse lo antes posible en respuesta a los llamamientos de la comunidad internacional", añadió. Las informaciones chinas indicaron que, si bien se discutió Oriente Medio, los detalles fueron escasos. El conflicto también supone un desafío para la economía china: la volatilidad de los precios del petróleo y las repetidas interrupciones en las rutas de suministro han aumentado los costes de importación de China y encarecido los precios a nivel mundial.

Trump ya ha invitado a Xi a la Casa Blanca en septiembre para una segunda cumbre. Se espera que las discusiones entre ambas partes continúen antes de esa reunión, con la esperanza de que las dos mayores economías del mundo logren un avance significativo en el comercio que esta vez resultó esquivo.

Mənbə: BBC News

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