El ataque aéreo contra opositores que complica a Raúl Castro

El siniestro de dos avionetas frente a las costas de Florida hace más de 30 años, que se saldó con cuatro fallecidos, ha resurgido para situarse en el centro de las acusaciones penales contra el expresidente cubano Raúl Castro, según revelaron fuentes estadounidenses este miércoles.

El derribo de estas aeronaves civiles por parte de la aviación militar cubana provocó una de las mayores crisis diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos, cuyas repercusiones se mantienen hasta la fecha.

Los cazas cubanos abatieron las dos pequeñas avionetas, pertenecientes a un grupo de exiliados cubanos en Miami, en aguas del estrecho que separa la isla caribeña del estado de Florida. Las cuatro personas que viajaban a bordo fallecieron en el acto.

La acción fue duramente condenada a nivel internacional, y las críticas apuntaron directamente a Raúl Castro, quien ostentaba el cargo de ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba en aquel momento.

Este suceso llevó a Estados Unidos a endurecer las sanciones contra el régimen de su hermano Fidel Castro, frustrando cualquier posibilidad de diálogo inmediato entre ambos países durante la administración del presidente Bill Clinton.

Raúl Castro, hermano de Fidel, renunció formalmente a la presidencia de Cuba y al liderazgo del Partido Comunista en 2021, si bien todavía es considerado por muchos como la figura más influyente del país.

La imputación llega en un momento especialmente delicado para la isla, sumida en profundas crisis económicas y energéticas, agravadas por la presión de la administración de Donald Trump y la pérdida de apoyo de Venezuela tras la caída de Nicolás Maduro.

El ataque aéreo tuvo lugar en plena crisis económica que asoló Cuba en la década de 1990 tras el colapso de la Unión Soviética, su principal valedor económico. La isla se vio sumida en una emergencia extrema, con apagones, escasez de alimentos y falta de combustible.

Esta coyuntura, que muchos comparan con la actual, empujó a miles de cubanos a intentar llegar a Florida para reunirse con sus familiares.

"De repente, todo el mundo buscaba cualquier cosa que flotara para intentar llegar a Florida", relata a BBC Mundo el historiador cubano Juan Antonio Blanco, quien era diplomático en La Habana cuando ocurrieron los hechos.

En Miami surgió la organización "Hermanos al Rescate", fundada por exiliados cubanos y liderada por José Basulto. El grupo comenzó a realizar vuelos sobre el Estrecho de Florida, buscando embarcaciones precarias con migrantes cubanos.

"Intentábamos localizarlos, marcar su posición y dársela a la Guardia Costera de EE.UU. para que los rescataran", explica Basulto, de 85 años y líder de "Hermanos al Rescate", a BBC Mundo.

Incluso llegaron a lanzarles agua y comida. Sin embargo, con el tiempo, sus acciones fueron más allá.

"Dejaron de hacer lo que decían que querían hacer, que era ayudar a rescatar balseros, y empezaron a entrar en espacio aéreo cubano y a lanzar octavillas sobre La Habana", señala el politólogo cubano Carlos Alzugaray desde La Habana.

Cuba comenzó a denunciar estas incursiones aéreas y a considerar a los miembros de "Hermanos al Rescate" como "terroristas", argumentando que representaban una amenaza para la seguridad nacional.

Basulto, quien lideró varias de estas operaciones, tiene una visión muy distinta: "Para ellos, era terrorismo porque las octavillas que lanzábamos contenían la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y eso estaba prohibido en Cuba", afirma.

El 24 de febrero de 1996, tres avionetas Cessna de "Hermanos al Rescate" despegaron de Florida para una misión rutinaria sobre el Estrecho de Florida. En un lapso de seis minutos, dos de ellas fueron derribadas por cazas cubanos.

Las cuatro personas a bordo fallecieron: Armando Alejandre Jr. (44 años), Carlos Alberto Costa (29), Mario Manuel de la Peña (24) y Pablo Morales (29). Todos eran ciudadanos estadounidenses, a excepción de Morales, que tenía nacionalidad cubana.

Una tercera aeronave logró escapar. Su piloto era José Basulto. "Miré a la derecha y vi el humo a lo lejos de uno de los aviones que estaban derribando", recuerda. "Inmediatamente miré a Sylvia Iriondo [una voluntaria de la misión] y le dije: 'somos los siguientes'", relata.

Basulto sostiene que su avión era el objetivo principal del derribo, "porque yo era el líder del grupo". Los proyectiles de los cazas cubanos prácticamente desintegraron las pequeñas aeronaves civiles, sin dejar apenas rastro.

Basulto insiste en que las avionetas se encontraban "en aguas internacionales, al norte de La Habana" cuando fueron atacadas. La Organización de Aviación Civil Internacional y la Organización de Estados Americanos (OEA) corroboraron esta versión, acusando a Cuba de violar el derecho internacional.

Sin embargo, el gobierno cubano siempre ha mantenido que las aeronaves fueron derribadas dentro de su espacio aéreo.

El historiador Juan Antonio Blanco lo describe como "una emboscada orquestada por Fidel Castro". "Fidel Castro sabía de antemano quiénes iban a volar ese día, qué aviones iban a volar y la ruta que iban a tomar", asegura, añadiendo que los servicios de inteligencia de Castro contaban con un espía dentro de "Hermanos al Rescate".

Según Blanco, Fidel Castro fue el responsable político de la operación, mientras que Raúl Castro, entonces ministro de las Fuerzas Armadas, fue su ejecutor.

"Hermanos al Rescate" conserva en su web una grabación de la época en la que, supuestamente, Raúl Castro detalla la operación bajo su mando en una conversación con periodistas cubanos. Dicha grabación se filtró en 2006 y llegó a manos de periodistas, expertos y exfuncionarios cubanos exiliados en EE.UU., quienes confirmaron su autenticidad. BBC Mundo no ha podido verificarla de forma independiente.

Las razones por las que el gobierno de Fidel Castro decidió derribar las avionetas siguen siendo objeto de debate. La explicación oficial cubana, que mantiene que el incidente ocurrió sobre su espacio aéreo, es que "Hermanos al Rescate" representaba una amenaza a la seguridad nacional por sus reiteradas incursiones aéreas.

No obstante, otras interpretaciones apuntan a motivaciones políticas de calado. Blanco, quien en aquel momento participaba en canales informales de comunicación entre La Habana y Washington, cree que Fidel Castro buscaba impedir un posible acercamiento con Estados Unidos.

Explica que, meses antes del ataque, funcionarios cubanos y estadounidenses exploraban discretamente una posible normalización de relaciones, anticipando un segundo mandato de Bill Clinton. El historiador argumenta que Castro temía que cualquier acercamiento con Washington impulsara reformas políticas y económicas en la isla que pusieran en peligro su poder absoluto.

"Derribar las avionetas hizo imposible que Clinton entrara en ningún tipo de acercamiento después", afirma.

El suceso desencadenó la mayor crisis entre Cuba y Estados Unidos desde la Guerra Fría y marcó el rumbo de las relaciones entre ambos países hasta bien entrado el siglo XXI.

Bill Clinton condenó el ataque "en los términos más enérgicos", y el Consejo de Seguridad de la ONU censuró el uso de armamento contra aeronaves civiles en vuelo.

Estados Unidos endureció significativamente las sanciones económicas contra Cuba, y La Habana consideró su respuesta como una agresión económica y diplomática sin precedentes.

El episodio, según el historiador y exdiplomático, también tuvo consecuencias internas en Cuba. "Se volvió a una política casi estalinista, de la peor índole", señala Blanco, quien añade que la represión se intensificó tras el incidente.

La Habana se negó a pagar una indemnización, y las familias de las víctimas fueron finalmente compensadas por el gobierno estadounidense con 93 millones de dólares procedentes de activos congelados del régimen cubano.

Unos 30 años después, el caso conserva un enorme peso simbólico y político en Cuba y entre la comunidad de exiliados cubanos.

Mənbə: BBC News

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