¿Para qué sirvió la guerra? La pregunta que incomoda tras el pacto Irán-EEUU

Un acuerdo entre Estados Unidos e Irán, sellado por los presidentes Donald Trump y Masoud Pezeshkian, ha puesto sobre la mesa las consecuencias políticas, militares y económicas de la desafortunada decisión de atacar Irán el pasado 28 de febrero.

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El coste humano es devastador: miles de muertos, muchos de ellos civiles, tanto en Irán como en Líbano. Por su parte, Estados Unidos e Israel sufren una clara derrota estratégica. El régimen de Teherán, que se enfrentaba a su peor pesadilla –una operación militar conjunta para desmantelarlo–, no solo ha sobrevivido, sino que ha salido fortalecido.

La estrategia iraní de bloquear el estrecho de Ormuz, vital para el transporte de una quinta parte del petróleo y gas mundial, ha forzado a Trump a aceptar concesiones que han escandalizado a los halcones de la política estadounidense y al gobierno israelí. El memorando de entendimiento (MOU) exige el fin de la guerra en Líbano, algo que Israel se resiste a aceptar, reclamando libertad de acción en la zona. Esta discrepancia amenaza con agravar la brecha entre ambos países y beneficiar a los sectores más duros de Irán, opuestos a cualquier acuerdo con Washington.

A cambio de reabrir el estrecho, el acuerdo prevé el levantamiento del bloqueo estadounidense a los puertos iraníes, la eliminación de sanciones que permitirán a Irán exportar petróleo y generar miles de millones, y la liberación de activos congelados en el extranjero. Todo esto, antes incluso de abordar la espinosa cuestión nuclear, y supone volver a la situación previa al conflicto, cuando el estrecho estaba abierto y se negociaba un acuerdo nuclear.

El secretario de Estado de Joe Biden, Antony Blinken, criticó en X que el único "logro" del alto el fuego sea la reapertura del estrecho de Ormuz, "que estaba abierto antes de la guerra", y que encima "aparentemente pagaremos a Irán para que lo haga". La pregunta sobre el propósito real de la guerra se vuelve ineludible y se perfila como el mayor error de política exterior de Trump hasta la fecha.

Este pacto podría significar también el fin de la carrera política de Benjamin Netanyahu. El primer ministro israelí, que se enfrenta a elecciones en octubre, deberá responder por los fallos de seguridad que permitieron el ataque de Hamás el 7 de octubre de 2023. Las políticas militares de Netanyahu y su rechazo a la diplomacia buscaban, en parte, restaurar su imagen como "Sr. Seguridad" de Israel.

Teherán siempre fue consciente del poder de cerrar el estrecho de Ormuz, al igual que lo era el estamento militar y de inteligencia estadounidense. Sin embargo, el anterior líder supremo, Ali Jamenei, optó por no usarlo como arma. Tras ser asesinado, junto a sus asesores, en los primeros bombardeos, sus sucesores no dudaron en cerrar el paso, conscientes de estar en una lucha existencial.

Irán ha descubierto el poder de controlar una vía económica global, un arma más efectiva y barata que su red de aliados y proxys. A pesar de los daños sufridos, su "eje de resistencia", con la excepción del régimen sirio, sobrevive.

La guerra, aunque ha permitido la supervivencia del régimen iraní, ha causado enormes daños al país. El cierre del estrecho, en cambio, fue una medida rápida y devastadora, con repercusiones globales. Las victorias tácticas de las fuerzas aéreas de EEUU e Israel no bastaron para evitar una derrota estratégica, basada en suposiciones erróneas sobre la caída del régimen.

Se pensaba que la muerte del líder supremo provocaría el colapso, pero las instituciones de la República Islámica han demostrado ser resilientes, forjadas en la ideología, la convicción religiosa y la experiencia de la guerra contra Irak. A diferencia de Venezuela, el régimen iraní, a pesar de su corrupción y represión, se sustenta en pilares ideológicos y de seguridad nacional.

Trump prometió la caída del régimen y llamó a la rendición incondicional, mientras Netanyahu hablaba de "destruir al régimen terrorista". El MOU no es un acuerdo definitivo, sino un paso hacia la negociación del programa nuclear iraní, con importantes incentivos para Teherán, como el levantamiento de sanciones.

El éxito del acuerdo depende de 60 días de negociaciones nucleares, un plazo que podría extenderse dada la complejidad de los temas y la desconfianza mutua. Los sectores más duros en ambos países se oponen al pacto, y existe el riesgo de que Irán exija posiciones maximalistas, poniendo en peligro los beneficios económicos que podrían revitalizar su maltrecha economía.

No obstante, este acuerdo es preferible a una guerra que ha causado miles de muertos y amenazado con una recesión económica global. Si las negociaciones culminan en un acuerdo nuclear satisfactorio y ambas partes cumplen sus promesas, Oriente Medio podría transformarse, aunque este escenario depende de una larga y difícil negociación.

Mənbə: BBC News

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