¿Y ahora qué, Keir Starmer?

El triunfo de Andy Burnham en la circunscripción de Makerfield ha desatado un aluvión de mensajes entre los diputados laboristas. La mayoría, a pesar de las diferencias internas, coincide en un punto: Keir Starmer ha entrado en la recta final de su liderazgo.

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Starmer, quien hace menos de dos años devolvió al laborismo al poder tras 14 años en la oposición y solo cinco después de su peor derrota electoral, se enfrenta a un panorama complicado. Sus partidarios insisten en que quienes claman por su salida viven en una utopía, argumentando que la imagen de un partido de gobierno sumido en luchas internas es precisamente lo que el electorado rechazó en las urnas. "Cuando los conservadores perdieron las últimas elecciones, los británicos los veían como egoístas, deshonestos y divididos", señala un documento que circula entre los afines al líder, "no podemos permitirnos que nos salpiquen de la misma manera".

Sin embargo, y pese a las advertencias de Starmer contra la división, una sorprendente unidad recorre las filas laboristas. La convicción de que el camino de Burnham hacia Downing Street está prácticamente asegurado es cada vez mayor, y la única duda que planea es el cómo. Se habla ya de "coronación", sugiriendo que la elección del líder podría no llegar a votarse entre los militantes. La hipótesis es que Burnham se convierta en el único candidato con el respaldo necesario de 81 diputados, siendo elegido por aclamación, como ocurrió con Gordon Brown en 2007.

Un obstáculo para esta "coronación" podría ser Wes Streeting, quien dimitió como secretario de Sanidad el mes pasado en protesta por el liderazgo de Starmer. A pesar del escepticismo de algunos colegas, Streeting asegura contar con los 81 apoyos necesarios para forzar una contienda. Podría verse presionado, incluso por sus aliados, a dar un paso al lado para facilitar una transición rápida. El principal escollo, no obstante, es el propio Keir Starmer, quien ha reiterado su intención de presentarse si hay elecciones. Según las reglas del partido, como líder actual, Starmer accedería directamente a la votación de los militantes sin necesidad de recabar apoyos parlamentarios. Esto, en teoría, impide una "coronación" sin debate. Pero la realidad es que, como primer ministro, necesita el respaldo de la mayoría de los diputados para gobernar, un apoyo que se puso en duda con la caída de Boris Johnson. La pregunta clave es si Starmer aún cuenta con la confianza de sus colegas para seguir al frente del gobierno. Él mismo advierte que una elección interna "destrozaría al partido", pero si se produce, deberá demostrar que su deseo de supervivencia no es el principal motor del caos laborista.

Mənbə: BBC News

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