El Papa visita Canarias para visibilizar la tragedia de los migrantes

Bakary Jaiju tenía 19 años cuando se embarcó en una patera en Gambia rumbo a Europa. Siete días de angustia en alta mar, con las provisiones de agua y comida menguando, fueron el preludio de su llegada a Tenerife el pasado año, buscando una "vida mejor".

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"No puedes ni dormir por miedo a caerte", relata. "Decidí irme, sobreviviera o muriera, porque quería que mi familia estuviera bien", explica Jaiju, quien dejó atrás a su mujer y a su bebé para arriesgarse en las peligrosas aguas del Atlántico.

En los pocos meses transcurridos desde su llegada a este extremo sur de Europa, cientos de personas han perecido en el intento. Precisamente sus historias, las de quienes lo consiguen y las de quienes no, son el foco de la visita que el Papa Francisco iniciará este jueves en las islas Canarias.

El mensaje del Pontífice contrasta con el discurso de algunos sectores que hablan de "crisis" migratoria o "invasión ideológica". Los datos de ACNUR muestran un descenso significativo de llegadas por mar a España este año, en parte por el aumento de las interceptaciones frente a la costa de África Occidental, financiadas por la UE.

Sin embargo, muchos siguen intentándolo y muriendo en el camino. Por ello, el Papa Francisco insistirá en la necesidad de "vías seguras y legales" a Europa, pero también hará un llamamiento a la acogida humana y "respetuosa" para quienes pagan a traficantes y se hacinan en embarcaciones precarias.

En Gran Canaria, arrojará flores al mar en memoria de los migrantes desaparecidos, incluidas pateras enteras que se esfumaron sin dejar rastro.

Bakary Jaiju se considera uno de los afortunados. Su embarcación, con unas 160 personas a bordo, entre ellas mujeres y niños, logró eludir los controles navales frente a Mauritania y Senegal. Días después, se quedaron sin combustible, pero fueron avistados y rescatados cerca de la isla de El Hierro.

Tras pasar tres meses "muy fríos y muy difíciles" en un centro de acogida en Tenerife, se integró en un proyecto que le ayuda a aprender español y a regularizar su situación.

Detrás de esta iniciativa está el Padre Pepe, un párroco cercano que viste vaqueros y camisa a cuadros. Se dio cuenta de que el número de jóvenes migrantes en la isla crecía, pero las autoridades solo les atendían hasta los 18 años. A partir de entonces, quedaban a su suerte.

"Las calles te devoran, los jóvenes son carroña ahí", advierte el Padre Pepe. La Fundación Buen Samaritano ofrece alojamiento y talleres a unos 170 jóvenes. "El mercado laboral podría absorber a toda esta gente, hay una demanda enorme", insiste el sacerdote.

"Me cuesta entender por qué el corazón humano es tan duro", reflexiona sobre el endurecimiento de las actitudes en Europa. "Si lo hacemos bien, si integramos bien a la gente, no hay nada malo en ello. Al contrario."

La propia regularización de Bakary Jaiju ha sido posible gracias a una oportunidad excepcional. El Gobierno de Pedro Sánchez ha abierto un plazo para que cientos de miles de migrantes indocumentados "normalicen" su situación, permitiendo solicitar permisos de residencia y trabajo a quienes llegaron antes de diciembre pasado.

El equipo del Padre Pepe trabaja a contrarreloj para ayudar a todos a presentar la documentación antes de que venza el plazo.

Esta medida, sin precedentes, ha sido criticada por la oposición. El Partido Popular la ha calificado de "irresponsable" y contraria a las políticas migratorias de la UE, mientras que Vox la ha tildado de "invasión" que provocaría el "colapso de la sanidad, la vivienda y la seguridad".

Para el Gobierno socialista, sin embargo, la medida combina humanitarismo, pragmatismo y política: ante una población envejecida y menguante, necesita más mano de obra, como el resto de Europa.

"No encontrábamos personal local que quisiera trabajar con nosotros", explica Diana del Molino Rodríguez, del Grupo Domingo Alonso en Las Palmas de Gran Canaria. Ante la falta de pintores o chapistas, la empresa automovilística colabora con el gobierno local para contratar a jóvenes migrantes al cumplir la mayoría de edad y salir del sistema de protección.

Del Molino Rodríguez reconoce que al principio recibieron críticas feroces, con comentarios en redes sociales sobre "robar" empleos españoles. "Fue muy duro porque la inmigración no se veía como algo positivo. Nadie miraba a los migrantes como personas".

Su empresa cuenta ahora con unos 30 jóvenes, entre ellos Tiene Lama, de 19 años, que envía varios cientos de euros al mes a su familia en Costa de Marfil.

Decenas de empresas, incluidas grandes cadenas hoteleras de las islas, se han sumado ya a esta iniciativa.

Mientras el Papa intenta cambiar el tono del debate migratorio, esta semana entra en vigor un nuevo pacto de la UE destinado a endurecer aún más las fronteras europeas. El objetivo es facilitar la detención y deportación de quienes llegan por mar.

Para jóvenes como Bakary Jaiju, dispuestos a arriesgarlo todo, supone un escaso disuasorio; para las organizaciones de derechos humanos, genera nuevos temores para los solicitantes de asilo y su dificultad para ser escuchados.

Sin embargo, son las autoridades de Canarias quienes más critican la política. "No tenemos personal para trabajar en los hoteles, conducir nuestros autobuses o en la construcción; nos faltan albañiles y mecánicos", advierte Francis Candil, viceconsejero de Bienestar.

"Necesitamos una política migratoria real que permita que la gente de los países africanos no tenga que arriesgar su vida, sino que pueda venir a Europa y tener opciones de trabajo. En lugar de eso, Europa intenta protegerse detrás de muros y expulsar a la gente."

Mənbə: BBC News

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